La tormenta hasleó a todas las uvas y deshó una fochiquina preta en el jardín, ma a los higos no pasó nada! Cada vez que me asentoy en mi jardín en Nueva York, farjeando mis ojos en el vid y en el higo, me esparece que estoy en Israel. Y me acodroy de las palabras de muestros profetas cuando jammeaban de un 'olam derecho (justo): "Cada uno debasho de su higo y debasho de su vid". Aguera quedaron los higos namás. No sea vuestra faltita por los durzes que son. Mi auela la descansada fazía aguariente de los higos. Ya hasrá. El secreto se fe con ella.

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